Toño se quedó pensando un instante y luego contestó: - En cuanto a este juego en concreto no te puedo decir mucho, porque se da el caso de que no lo he jugado.- Ana lo miró extrañada. No sabía si Toño le hablaba en serio o si le estaba tomando el pelo. Pues sí que lo había jugado. Lo habían jugado juntos hacía ya más de dos años. Pero eso era parte de otra historia, de una historia de la que se reían de vez en cuando y que en cierto modo había hecho que ese día pudieran estar los dos lanzando teorías al aire en un bar de mala muerte. Entonces siempre llegaba el momento en que Toño le mostraba su sonrisa de ratón y Ana se volvía un queso enorme, lleno de agujeros. De agujeros sin sombras en los que ya no podia esconder nada. No sabía cómo empezar, así que prefirió seguir en ese tren de metáforas e hipérboles en el que se habían montado entre copas y aceitunas.
- Tuve una actuación estelar que puede costarme el game over antes de haber siquiera superado el stage one en modo multijugador.- Toño la miraba detrás de una sonrisa que hubiera podido ser malévola sino fuera porque ella lo conocía bastante como para saber que todo lo que había en esa expresión no era más que expectación. Eran sobre todo ganas de imaginarse la cara de Lucho frente a alguno de los impulsos inverosímiles de Ana. Imaginarse un Lucho aterrado frente al tacon de aguja que ahora atravesaba filosamente las membranas de su burbuja y entonces sus rizos explotaban en los colores infinitos de una luz descompuesta.
Ana le explicó que la Princesa Peach se había bajado de la torre para asumir su propio rescate: -Pues me calcé unos patines a juego con mi baby-doll amarillo y, al mejor estilo Betty Grable, toqué su telefonillo mientras sostenía en mi otra mano un desayuno nada improvisado. Pero mi Harry James del piano no estaba en casa y la voz de mujer del otro lado le va a dar de todos modos el recado.
- Zaz!- dijo Toño entornando sus ojos chinos como quien va a enunciar una certeza absoluta. -Ahí se te fue una vida, amiga.
Y entonces se rieron tanto que no escucharon cuando el camarero les dijo que el bar estaba cerrando.
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