22 de septiembre de 2010

Como buena exponente del vintage cósmico, Ana se definía a sí misma como una chica de ocho bits inmersa en un entorno de líneas paralelas, trampolines cómplices, colores intensos y acordes ensordecedores. Una chica old-school que corría sin descanso por caminos irrefrenables, adicta a la adrenalina de saltar en el momento justo y robar besos compulsivamente. Sin embargo, ahora se veía a sí misma convertida en una oscura amalgama de píxeles corriendo en medio de una narrativa ausente. Su repertorio de movimientos se había reducido a lanzar inútiles patadas al vacío y su cleptofilia la llevaba a perseguir el oro por recovecos peligrosos. Pero si era cierto eso de que en la vida todo era cuestión de pulsar el botón adecuado en el momento justo, Ana comprendió que esta vez había presionado demasiado el botón de salto. Entoces se dijo para sí misma que ya era tiempo de calzarse las botas y echar a correr, tan rápido y lejos como pudiese. Era el momento de recuperar el control de sus propios impulsos aunque no hubiera sido capaz de completar el desafío. Ninguna cruz roja podría cambiar el curso de las cosas. Y, aunque con Lucho los niveles de dificultad nunca cambiasen, Ana se sentía incapaz de revisar su propia jugada y esgrimir un plan B. Había saltado al vacío.


GAME OVER
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